domingo, 25 de noviembre de 2012

TARDE DE CALAMARES

El martes tenía un ratito por la tarde sin compromisos  ( ni clases de inglés, ni entrenos de básket, ni llevar al nene a sus más que aglomeradas actividades...) así que decidí hacer un par de llamadas y salir un rato a por los calamares.

Sus grandes ojos delatan sus costumbres nocturnas

Todavía hoy hay animales marinos que me siguen fascinando, animales que gozan de una extraña fama, entre lo extraño y lo curioso. Y nadie pude negar que el calamar posee ambas características Y la nocturnidad de sus costumbres contribuyen en gran parte a ello. También, cual vampiro que ve despuntar los rayos del sol, huye despavorido al amanecer en busca de refugio en las profundidades y el silencio que éstas otorgan, por lo que sabemos sólo la mitad de su vida, su vida cuando, al caer la noche, se acerca a las costas en busca de alimento.

El inicio del ocaso es el momento ideal para su pesca.

Desde el año pasado que he cogido la buena costumbre de empezar a pescarlos por la tarde hasta el ocaso. Posteriormente doy un par de pasadas al curri con la barca cerca de una playa, en busca de los grandes cazadores, esos que lo devoran todo a su paso, incluso a los juveniles de su misma especie.

Desafortunadamente el tiempo no acompañaba ya que un viento de componente sur hacía derivar la barca en exceso, pese a que dejé caer en el agua una ancla de capa ( sin resultado alguno...)
Éramos tres pescando en la barca, y sólo mi compañero Isma sacaba calamares, hasta ocho!, supongo que porque pescaba con un plomo (luminiscente) más pesado que le manteía el bajo recto, no en diagonal como a mí y a mi otro compañero, Raúl.

Personalmente, yo no soy partidario de pescar con plomo, me gusta poner abajo del todo una potera blanca seguida de un "pajarito". Ah! y nada de cañas, un volantín como el de toda la vida. Bueno, de toda la vida no. Hace un tiempo me fabriqué un brico muy sencillo que consiste en ponerle a un jig una corona de anzuelos para la pesca del calamar, con resultados muy satisfactorios, ya que si yo fuera calamar me intentaría comer antes una cosa con forma y ojos de pez que un  plomo envuelto en hilo blanco...

Un jig "modificado" dará buenos resultados

Una vez el sol se hubo puesto tras el horizonte y los calamares dejaron de picar, recogimos bártulos y nos encaminamos hacia la playa. Una vez allí colocamos las dos cañas de curri con sus respectivos señuelos para calamares con babero, y así, muy poco a poco, fuimos navegando en paralelo al arenal y sobre unos 3/6 metros de fondo, esperando las picadas. Ésta es una pesca tranquila, relajada y en donde se debe disfrutar  de la navegación nocturna. Creo que ya he comentado alguna vez que no he sentido tanta paz ni he vivido una cosa tan bonita como navegar en una fría noche de invierno con el cielo estrellado, es una sensación alucinante.


Cada cierto tiempo se iban sucediendo las picadas, sin darnos tiempo a aburrirnos o a relajarnos demasiado, pero la pena fué que los calamares que salían eran de pequeño/mediano porte. Sólo uno de buena talla hizo acto de presencia. En fin, menos mal que los pequeños en la mesa son más agradecidos que los grandes.

 


















Al finalizar la jornada llegamos a capturar un total de dieciséis cefalópodos, más unas cuantas pérdidas. Y como ya teníamos los tres para cenar nos dirigimos rumbo a puerto y a esperar el devenir de otra buena jornada de pesca.

3 comentarios:

juanma dijo...

Enhorabuena por el blog amigo

JAIMITO dijo...

Muy buena esa pesca... saudos.

Pep Torres Roig dijo...

Gracias chicos, la verdad que es una pena que la temporada de calamares dure tan poco, con lo buenos que están!!